En esta obra escribí versos de Saadi en formato de chalipa, a partir del estudio y el ejercicio del estilo del maestro Amirkhani. Para mí era importante que, junto con la atención a las proporciones de las letras y a la firmeza de la composición, el fluir natural del poema se mantuviera en el movimiento de los renglones.
La estructura del chalipa crea la posibilidad de que cada renglón conserve su propia autonomía y, al mismo tiempo, encuentre sentido en continuidad con los demás. En «Arrojado», los trazos alargados, los espacios entre líneas y los cambios en el pulso del cálamo están dispuestos de manera que el movimiento de la mirada por la página acompañe el ritmo de las palabras.
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