Esta obra se formó a partir de una mirada filosófica hacia el movimiento circular y la repetición en el mundo, y de la búsqueda del amor en medio de ese recorrido. Las formas rojas, mediante su giro, su prolongación y su regreso unas a otras, construyen una estructura en la que parece que la palabra «amor» se hubiera plegado muchas veces sobre sí misma y volviera a aparecer desde el interior de ese mismo trayecto.
El amplio espacio vacío que rodea las formas hace más visible este movimiento y permite que la repetición, la torsión y la relación entre las distintas partes constituyan el núcleo de la experiencia visual de la obra.
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