Esta obra se remonta al periodo en que comenzaba mis primeras experiencias en el Siyah Mashq, y las obras de Mirza Gholamreza eran para mí uno de los referentes más importantes de observación y aprendizaje. Más que pensar en llenar la página, intentaba experimentar el movimiento, la proporción y el encuentro entre las letras, y ver cómo cada forma podía poner en marcha la forma siguiente.
En «Bueno», el espacio vacío es una parte activa de la composición. Los trazos largos, la variación en el grosor del cálamo y la distancia entre las letras crean un ritmo que aleja la página de la densidad habitual del Siyah Mashq y dirige más la atención hacia el movimiento independiente de cada línea.
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